Había una vez un comercial donde miles de pelotillas de colores bajaban rebotando por una calle de San Francisco todas ellas cayendo por montones en cámara lenta, brincando sin parar al ritmo de la suave melodia de una guitarra acompañada de una cálida voz (en el comercial que se usaron 250 mil pelotas locas para hacer el comercial, uash!!!).